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El aula: Remanso de Paz

10- Reeducación del sentido del oido.

Cómo enfocar su atención en el aula

Lunes 24 de agosto de 2009 por Nando

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Reeducar el oido.

Cuando la voz del maestro muere entre el bosque de sonidos que rodea a nuestro alumno, el mensaje transmitido no llega jamás.

- Es absurdo enseñar en un ambiente ruidoso.
¿Cómo enseñar si cerca hay un martillo neumático (+ 160 db) levantando el acerado.?
¿Cómo enseñar si pasa un coche con una bocina anunciando la venta ambulante.?
¿Cómo vamos a enseñar si nuestro alumno está inmerso en un griterío de los compañeros.?

- Pero observemos una curiosidad.
El alumno de Infantil (3 a 5 años) es capaz de aislarse. Modela su plastilina sin importarle los gritos y llantos del que tiene al lado.
Ha sido capaz de crear un autismo temporal. Entre tanto ruido, gritos y voces, sale del autismo temporal al oír la voz de su madre que le llama.

- Al realizar la RELAJACION elegiremos un día de la semana para reeducar nuestro sentido del oído.
Yo he elegido los lunes. Todos los lunes cuando nos relajamos hago que nuestro oído se concentre en un sonido lejano (un pájaro, una moto, el claqueo del pico de la cigüeña cercana) por uno o pocos segundos. Déjate penetrar por las ondas sonoras – les digo – con naturalidad, sin discurrir sobre el hecho ni sobre su causa.
No analices. Simplemente “oye”. Sé un mero receptor del ruido y percíbelo con placer y descanso (no en balde le señalo sonidos agradables). Y para hacerlo mejor aprovecho que tienen los ojos cerrados.

- No analices ni te juzgues, ni piense en el camión, persona u objeto de donde viene el ruido. Aquí también lo importante es que estés plenamente relajado, confiando en tu oído y con la paciencia para esperar a que el sonido llegue a ti.
Normalmente el mundo exterior debe llegar a nosotros sin que tengamos que ponernos tensos para recibirlo.

- El día en que nos acostumbremos a dejar entrar en nosotros los ruidos exteriores, sin tratar de protegernos contra ellos, cuando renuncies a estar a la defensiva y los aceptes siendo mero receptor, caerás en la cuenta de que hay muy pocos ruidos que te puedan molestar.
Como anécdota contaré lo siguiente: en el patio del recreo, sentados en un banco a la sombra, aguantando el calor de una mañana de Junio a 30 grados, estábamos mi compañero y yo. Los niños de 3º y 4º habían tomado su dosis de “Mimosín” [1] y machacaban a mi compañero con sus arrumacos.
Yo abstraído. Él me mira y me dice: ¿cómo es posible que casi te duermas con el follón que me están armando?
Contesté: he aprendido a “beber el sonido”.

- Si cuando tienes sueño, te concentras en el ronquido del que te acompaña, no te dormirás.
Si no peleas contra lo inevitable – los ronquidos -. Si aprendes a tolerarlos, aceptarlos, esos ronquidos serán para ti suave murmullo y medio de distensión nerviosa.

- ¿Has observado a los trabajadores de la feria?.
Son capaces de dormir hasta debajo de los altavoces de los coches de tope.
Ellos han aprendido a “beber el sonido”.

(Continuará)

[1] Mimosín: marca de un producto de limpieza, cuyo muñeco anunciador era un osito muy tierno y cariñoso.


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